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!DESPAVIMENTAR A MÉXICO!
Lo Insostenible del Desarrollo
3 de enero de 2007
La pavimentación aleja al ser humano del suelo que le da la vida: después de cierto umbral de pavimentación, disloca nuestra percepción del mundo; agudiza la biofobia, el rechazo a la vida silvestre y el desprecio por los asuntos de la Naturaleza; induce malos hábitos en la niñez y apoya la violencia y la lógica del exterminio. A mayor abundamiento, fragmenta y empobrece el tejido de la vida que nos permite sobrevivir; no sólo impide el paso del agua al suelo, calienta el aire en su cercanía y elimina la vegetación del sitio, también, destroza los ecosistemas; produce impetuosas y destructivas corrientes de agua, provoca el envenenamiento de los arroyos, ríos, lagos, lagunas, manglares y mares, y multiplica las demandas sociales de agua.
Además, la pavimentación excesiva impide la recarga de los acuíferos, altera los climas y destruye los bosques y las selvas; acaba con la vida silvestre; aniquila la biodiversidad, alienta el cambio en el uso del suelo y hace imposible el ordenamiento ecológico del territorio. Como una enfermedad infecciosa, la pavimentación sobrada deprime la calidad de vida y empobrece el equilibrio ecológico de las cuencas y micro cuencas que invade,
La gran pavimentación, aquella que caracteriza a las calles, avenidas, calzadas, estacionamientos, vías rápidas, carreteras, aeropuertos, supercarreteras; aquella que permite la veloz circulación de millones de automóviles y cientos de miles de pesados camiones y enormes aviones, tiene por consecuencia: la agudización de todos los problemas económicos, sociales y ambientales del país, el agotamiento rápido de los recursos no renovables y la degradación de la cultura.
Por la pavimentación desmedida, se fomenta el uso enfermizo, desorbitado, del transporte, la hipermovilidad, la pérdida de tiempo, la contaminación del aire y el consumo desmedido de energía; se agudiza el Cambio Climático; el Efecto de Invernadero; el Calentamiento Global; se fomenta la urbanización enemiga de los árboles, de los animales y del ser humano. A causa de la pavimentación excesiva, se talan árboles por doquier, se eliminan santuarios ecológicos y áreas verdes, y se demuelen monumentos, arquitecturas y urbanizaciones históricas; las ciudades se calientan en exceso: se crean grandes “islas de calor”: aumenta la demanda de agua de sus parques y jardines . Por la pavimentación severa, se induce una guerra de baja intensidad en el territorio nacional: mueren violentamente o quedan discapacitados por accidentes de tráfico un número enorme de ciudadanos. La vía pública se convierte en un lugar demasiado peligroso e inhóspito: se fortalece en el espacio público el reino de la violencia y las conductas delictivas.
Por todos los rincones de México, en sus aldeas y caseríos, en sus bosques y selvas, en sus parques y jardines, penetra rigurosa, imparable, la pavimentación, como un cáncer que puede ser terminal. Para introducir sus productos en cualquier sitio del país, Coca Cola, Cervecería Modelo, Bimbo, exigen la pavimentación de todas las aldeas, rancherías y pueblos de México; Para elevar sus potenciales de ventas, General Motors, Wolkswagen, Nissan y Scania exigen más puentes, carreteras de todo tipo, distribuidores viales y libramientos. Es alarmante la velocidad a la que se pavimenta el país entero.
El Valle de México, un territorio excesivamente pavimentado, mantiene muy anormales temperaturas y precipitaciones pluviales debido en buena parte a esta condición extrema; mucha de esta precipitación y del agua de sus ríos, fluye, por la pavimentación implacable, hacia el drenaje profundo, fuera de la cuenca y envenenada en exceso; pierde rápidamente sus bosques y áreas verdes; hace muchas décadas esta región cruzó el umbral de la pavimentación excesiva. La calidad de vida en la Ciudad de México no ha dejado de empeorar en el último cuarto de siglo; pero, esta megalópolis es ya una de las principales zonas de la Tierra contribuyente en Gases de Efecto de Invernadero.
Como uno de los grandes dogmas del Desarrollo, la pavimentación parece ser una inversión básica y prioritaria para todos los gobiernos de México y para todos los inversionistas. Sin embargo, el sueño del Progreso o del Desarrollo, por medio de la pavimentación intensiva y el transporte ilimitado, preconizado por doctores, maestros, políticos y locutores; por partidos, gobiernos y universidades, se convierte poco a poco en una pesadilla. Los males generados por la pavimentación superan ya con mucho a sus supuestos beneficios; la pavimentación es ahora una gran calamidad que atenta profundamente contra las bases de la vida en la Tierra, contra la supervivencia del ser humano; tal parece que las universidades, los gobiernos y los partidos no se han dado cuenta de ello …
La pavimentación de áreas verdes de importancia nacional en las colonias Condesa e Hipódromo de la Delegación Cuauhtémoc, el Parque España y los grandes camellones de estas colonias ( PAOT, denuncia 984/06), revela la gran postración de la cultura ecológica en México; confirma la urgencia de alentar un cambio de la actitud ciudadana frente al perverso proceso de la pavimentación del territorio nacional. Debe alarmarnos la situación creada por la pavimentación desenfrenada de México.
Resulta perentorio iniciar LA DESPAVIMENTACIÓN DE MÉXICO, para frenar el desastre económico, social y ambiental que padecemos; para elevar la calidad de vida en nuestras ciudades, para contribuir en la mitigación del Calentamiento Global. Empecemos a transitar el camino hacia la sostenibilidad: empecemos a eliminar asfalto y concreto en nuestra calle, en las banquetas, en los parques y los jardines, en el arroyo de muchas calles y avenidas de nuestra colonia y nuestra demarcación, y en muchas superficies del territorio nacional, empezando por el Distrito Federal.
!DESPAVIMENTAR A MÉXICO!, EMERGENCIA NACIONAL.
Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
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Basta de discriminación contra Mexicanos en nuestras playas.
David A. Nuñez, 28 de Enero del 2006
Sucede todos los días. No por eso deja de ser un abuso y una violación. Todos los días, a lo largo de esta costa y en todo el país, se le niega el acceso a la playa a Mexicanos. Los propietarios de hoteles tienen que entender que las concesiones de aprovechamiento de la Zona Federal Marítima no dan derecho de excluir a quienes no sean sus clientes. Los Mexicanos tenemos que entender y respetar el hecho de que la Zona Federal Marítima nos pertenece a todos, y todos tenemos el derecho de pasearnos por ella.
Muchos en esta costa se quejan de la “reconquista”, de cómo los extranjeros compran todas las playas y luego nos excluyen. Yo no culpo a los extranjeros, al fin y al cabo los que estamos a la venta somos nosotros, los Mexicanos. O por lo menos, eso les hemos dado a entender. Yo nunca me he topado con un extranjero que me quiso correr de la playa. Serán ellos los que den las órdenes, pero siempre han sido Mexicanos los que- por ignorancia, prepotencia o maldad- han intentado pisotear mi derecho de pasearme por la playa en paz, sin molestar a nadie. Y eso es lo que me fastidia, que un Mexicano quiera aplastar los derechos de otro Mexicano. Y es que tampoco me ha tocado ver que uno de estos guardias le niegue el paso a algún extranjero.
Ya me ha pasado muchas veces. De hecho me han tocado guardias que, cuando paso hablando inglés me dejan en paz, pero cuando paso hablando español inmediatamente corren a decirme que “esta playa es privada”.
Normalmente basta escudarse con una explicación de lo que es la Zona Federal Marítima y defender mi derecho de transitar por la playa sin molestar a nadie. Si se ponen tercos, simplemente sigo mi camino. A veces ahí muere, en otras ocasiones me siguen a distancia, vigilándome. Normalmente me sucede en playas visitadas por turistas donde ni el guardia, ni la empresa quieren llamar la atención a un escándalo. Se limitan a intimidar discretamente, confiando en que la mayoría no conoce sus derechos, ni los sabe defender.
Pero el día viernes 27 de Mayo, fue distinto. En mi día de descanso, quise visitar uno de mis lugares favoritos, uno que no visitaba desde hace mucho tiempo. Salí a caminar por la mañana, dirigiéndome de Akumal a la caleta conocida como Yal Ku chica o Xaac chico- que por cierto hasta hace poco era la única caleta que quedaba virgen, sin construcción alguna a su alrededor, en toda la Riviera Maya. Ya no nos queda ninguna.
Sabía que desde tiempo atrás habían empezado las obras. Y aunque sentía tristeza por ello, también me motivaba a regresar, a volver a ver este preciado lugar antes de que destruyan su encanto. Poco antes de llegar, salió a mi encuentro un señor que se identifico simplemente como José Maria, a decirme que yo no podía estar allí. Yo le conteste tranquilamente que se equivocaba, que al caminar a la orilla del mar estaba yo en Zona Federal y por tanto tenía todo el derecho de pasearme por allí. Como ya mencione, normalmente con esto basta para seguir mi camino e intente hacerlo, pero el señor insistió en que yo estaba sobre propiedad privada y el tenia ordenes de su jefe de no dejar pasar a persona alguna.
Le volví a exponer su error, apuntando hacia la selva y el mangle y explicándole que la propiedad privada era “allá”. Pero que la Zona Federal es de todos. Insistí en mi derecho de transitar por la playa. José María mando llamar entonces a seis de sus secuaces, que inmediatamente me rodearon, dejándome con la espalda al mar. Fue entonces que José Maria, reconociendo mi derecho, me “invito” a que me retirara. Yo le invite a que me dejara en paz y me permitiera seguir con mi paseo. El reclamó que yo no podía estar allí. Yo insistí en ejercer mis derechos. El sugirió en que hacerlo era imprudente. Después de alegar durante varios minutos, me “permitió” que siguiera mi camino con la condición de que no regresara por allí. Yo explique que tenía que volver a pasar por allí para regresar a mi casa. No lo quiso permitir.
Por fin, volteado a ver a los montoneros que me tenían rodeado, pregunte “¿Me van a sacar?”. Sorprendido, me contesto que no, y defendiéndose argumentó que no me habían tocado- la amenaza quedando implícita. Mi coraje le ganó a mi razón, y a pesar de ser los únicos en la playa, de no contar con alma alguna que me apoyara o siquiera fuera mi testigo, le explique que en ese caso yo continuaría con mi camino, llegaría a la caleta, me echaría un buen chapuzón, y después regresaría por esa misma playa camino a mi casa. Y con el corazón en la garganta y latiendo como un tambor en mi cráneo, me di la vuelta, abrí camino y seguí. José María- que nombre tan irónico para un hombre tan carente de gentileza y caridad- tuvo que tener la última palabra al volver a amenazar con un “pero que sea la ultima vez.” Mirando de reojo a su pandilla, esta vez me ganó la razón y no quise discutir más. Guarde silencio y seguí mi camino.
Han pasado 24 horas desde el incidente y sigo enojado, frustrado. “Que poca madre,” le dije en algún momento a José María “ya ni se puede caminar por la playa.”.
Trabajo para una organización ambientalista. Reitero, trabajo, no somos de esos que se dedican a protestar, sino que buscan soluciones. Lo hago porque estoy harto de escuchar por parte de las generaciones de mis padres y abuelos como eran las cosas antes. Antes las aguas eran limpias, y el aire puro. Antes se podía pescar y cazar pues la fauna era abundante. Antes esa plaza comercial, ese estacionamiento, ese campo de golf eran un bosque precioso donde uno podía salir a escapar de la ciudad. Al escuchar todo esto mi respuesta es “¿Y luego? ¿Porque a mi no me tocó? ¿Qué le hicieron? ¿Por qué no lo cuidaron?” Cuando nos reclamen generaciones futuras quiero por lo menos poder decir, “Lo intentamos. Hicimos lo que pudimos.”
La Zona Marítima Federal es de esas pocas cosas que podemos rescatar fácilmente. Las herramientas legales ya existen, hace falta nada más usarlas. Las playas estarán sucias, y las aguas contaminadas, la selva talada, el mangle relleno, y la vista obstruida por horrendas construcciones- pero por lo menos nos queda el placer de caminar a la orilla del mar, sintiendo la arena entre los dedos, respirando la brisa marina, y disfrutando del sol.
Pido a mis conciudadanos que dejemos de negarnos el derecho a la playa; a los propietarios de hoteles que entiendan bien los derechos y obligaciones de su concesión a la ZOFEMAT; y las autoridades que hagan cumplir estas obligaciones y respetar los derechos.
Que lástima sería tener que decirles a nuestros hijos y nietos, “Antes, se nos permitía caminar en la playa.”
Propongo además, que antes que terminemos de vender la costa entera, se establezca un sistema de playas públicas donde todos podamos disfrutar no solo de la estrecha franja de la ZOFEMAT, sino de infraestructura como estacionamiento y sanitarios, y de los servicios básicos de limpieza y seguridad. Este proyecto podría ser auto-sustentable si se cobra una cuota de recuperación por el uso de dichos servicios y se renta la concesión de venta de alimentos y bebidas. Proyectos similares funcionan muy bien alrededor del mundo. Es hora de que México, que hace tanto por el turista extranjero, atienda también las necesidades recreativas de su propia población.
David A. Nuñez
Coordinador de Desarrollo Institucional
Centro Ecológico Akumal
david@ceakumal.org
www.ceakumal.org
(984)875-9095
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