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Los candidatos: ciegos ante el problema ambiental
Carlos García-Robles
Es inaudito que a 9 meses de la celebración de la Cumbre de la Tierra en Johannesburgo, donde la mayoría de los países del mundo adoptaron medidas de implementación para frenar la continua degradación ambiental que constantemente golpea a nuestro planeta, los candidatos de los diferentes partidos políticos del país continúan con prácticas salvajes contra el medio ambiente, la salud y el buen gusto.
En las pasadas elecciones presidenciales del año 2000, para promocionar el voto entre los electores, los partidos políticos produjeron 50 mil toneladas de basura electoral entre plásticos, papel, calcomanías, entre demás chatarra. Solamente en las elecciones internas del PRD en enero del 2003 se generaron 10 mil toneladas de desechos con un impacto irreversible al medio ambiente. ¿Son estos los personajes políticos que pretenden resolver los problemas de la ciudad y del país? ¿Sabrán ellos que todo lo que implica la actividad humana significa impacto sobre al ambiente? Millones de pesos están siendo desperdiciados en basura política que no solo causa un impacto considerable si no al mismo tiempo degrada la estética urbana. Es un factor adicional que cada tres años en épocas electorales contamina visualmente el espacio público.
Para las elecciones legislativas y delegacionales del 2003, se espera que se generen 14 mil toneladas de basura electoral, pero esto que significa realmente. De 55 mil toneladas de crudo procesado del buque petrolero Prestige, 20 mil de estas fueron cantidad suficiente para desquiciar la producción marisquera de toda la costa de Galicia, además de causar un impacto irreversible en los ecosistemas marinos de kilómetros a la redonda. Esto solo para darle una dimensión comparativa más tangible.
Pero tenemos que tener en cuenta que no solo la cantidad de basura que los candidatos de los diferentes partidos mandan hacer afectan durante y después de su uso, si no también el proceso de producción es altamente contaminante, principalmente si hablamos de los famosos y desagradables gallardetes de plástico que invaden ilegalmente el inmobiliario urbano. Además de la contaminación generada por los derivados de hidrocarburos, el impacto que tiene la basura electoral sobre la belleza urbana de la ciudad de México es considerable. Solo con salir a caminar por la calle unos minutos, la cantidad de imágenes enajenantes que invaden las calles, las avenidas, las plazas, los puentes peatonales, los postes, los árboles hasta uno que otro arbusto, hace de la estancia, convivencia y vida en general en la ciudad durante la época electoral, una experiencia desagradable, estresante y vulgar.
El solo pensar que los distinguidos participantes de los diferentes partidos políticos mexicanos están dispuestos a tapizar la casa de su abuelita con la foto de un candidato para obtener una voto más, es no solo un pensamiento perturbador si no además, una señal de la clara incapacidad política, de proponer ideas y conceptos nuevos. En cambio, la propuesta de los partidos políticos para incitar al voto a su favor el próximo seis de julio es el bombardeo indiscriminado de imágenes, invadir el espacio público a todota costa y tapizar la ciudad de colores artificiales que no proponen soluciones, solo generan más problemas.
Pero en vez de que toneladas de basura electoral acaben con toda una industria pesquera, en el DF acabará con la posibilidad de madurar políticamente y constantemente caer en la guerra irracional de la decadencia política. Teniendo en cuenta que una encuesta del IFE en el año 2000 aclara que solo el 4 % de los votantes afirman haber sido influenciados para votar por un partido por este medio. Una vez más, la última palabra la tenemos todos nosotros, si continuamos votando por basura en las calles y no por propuestas políticas, los partidos nos seguirán dando lo que nos han dado desde hace ya mucho tiempo; mas basura.
Carlos García-Robles
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