| |  |  |  |  |  LOS CULHUACANES Y HUEYATLACO: UN MISMO PROBLEMA
15 de enero de 2007
LA IMPOSIBLE SOLUCIÓN DEL TRANSPORTE URBANO POR MEDIO DE LA VELOCIDAD
En los 80, muy pocos ciudadanos protestaron por la construcción de los ejes viales, a pesar de que muchas tranquilas calles y avenidas del Distrito Federal se convirtieron en un infierno debido a la nueva circulación de automóviles provocada por estas obras; sus residentes tuvieron que aceptar esta nueva degradación ambiental ante la aprobación social de estas obras. Los delegados y el Regente alegaron que los vecinos afectados hacían un gran negocio con la plusvalía que ganaban sus terrenos. Los académicos, en su gran mayoría, reconocieron también las grandes ventajas y beneficios de los ejes viales. Todo sea por el Progreso y la Modernidad, se dijeron la gran mayoría de los ciudadanos, ignorando las terribles consecuencias urbanas, sociales y ambientales que tendrían estas obras en los años siguientes. Se imponía la ilusión de la velocidad en el transporte urbano como solución: vías rápidas, transportes rápidos y mayores facilidades para el uso del automóvil.
EL URBANISMO Y LA ARQUITECTURA AL SERVICIO DEL USO DEL AUTOMÓVIL
A finales de los 80 y en los 90 estalló la crisis de la calidad del aire y se profundizó la decadencia de la ciudad de México: sus habitantes conocieron nuevos niveles de destrucción urbana, social y ambiental. Sin embargo, la circulación de los automóviles había ganado ya mayor peso político, por lo que el gobierno mexicano subsidió, a gran costo, el cambio de gasolinas, para frenar el escándalo generado por la contaminación del aire y propiciar así, un uso más intensivo del automóvil. No obstante, continuó en rápido aumento: la pérdida de tiempo en el transporte cotidiano, el cambio en el uso del suelo y la pérdida de usuarios del Metro. Las leyes, los reglamentos y las normatividades de Transporte y Desarrollo Urbano del DF se pusieron al servicio del uso del automóvil; al servicio de los transportes rápidos; al servicio de la velocidad. Los peatones fueron condenados a sufrir cada año peores condiciones de seguridad y accesibilidad.
¡NO SE CONSTRUYE EN MI PATIO TRASERO, TAMPOCO EN MI COLONIA!
En 2001, un gobierno de izquierda con el lema “Por el Bien de Todos, Primero los Pobres” , lanza el más ambicioso plan de obras viales en dos décadas en México: distribuidores viales y segundos pisos, para dar mayores facilidades a la circulación de automóviles: una de las inversiones más eficaces en la producción de segregación social y deterioro ambiental. El distribuidor vial San Antonio inaugura esta nueva época de grandes obras de vialidad a favor del uso del automóvil. Un gran número de ecologistas, ambientalistas y grupos vecinales protestamos contra este proyecto: algunos vecinos de la Nápoles realizamos continuas protestas y conseguimos el apoyo del Maestro Ignacio Burgoa, en la búsqueda de un amparo que detuviera la obra. Fuimos acusados de trabajar para el PAN. Otra vez, una mayoría de ciudadanos educados del Distrito Federal aprobaron la construcción de este distribuidor vial, a pesar de que dábamos la señal de alarma, de que este tipo de obra se multiplicaría en los próximos años por todos los rincones de la ciudad y afectaría gravemente a muchas colonias, arquitecturas y áreas verdes y por lo mismo a la ciudad en su conjunto. La gran mayoría de los representantes vecinales y ciudadanos del DF permanecieron callados, indiferentes a los clamores de los vecinos del distribuidor vial San Antonio. ¡No se construye en mi colonia!, dijeron …
LOS EXPERTOS EN TRANSPORTE URBANO TRIUNFAN EN EL DF, COMO BUSH CON LA “DEMOCRATIZACIÓN” DE IRAK
Luego, siguió la construcción de los segundos pisos en el Periférico hasta San Jerónimo, del distribuidor vial Heberto Castillo, en San Lázaro; de los puentes en las barrancas del poniente y de nuevos tentáculos del gran distribuidor San Antonio. En todos los casos, los peatones y los vecinos de las colonias afectadas sufrieron inmediatos problemas mayores de movilidad que sólo se han agudizado con la terminación de estas obras. Es cuestión de pocos años para que se perciba la enormidad de la degradación urbana, social y ambiental de las colonias junto a esta obras. Desde el 2001, siguiendo el ejemplo del Distrito Federal, se inició la construcción intensiva de distribuidores viales y vías rápidas en muchas ciudades de México, muy especialmente en el Estado de México y en el estado de Guanajuato. La circulación de automóviles impuso en los primeros años de este siglo nuevas formas de percibir el transporte urbano y nuevos perfiles al desarrollo urbano; Carlos Slim muy feliz … sus empresas hacen muy buenos negocios con las vialidades; pero, se elevó muy significativamente en el Distrito Federal el aumento anual en las distancias y tiempos diarios promedio dedicados al transporte urbano. Los expertos en transporte urbano fracasaron nuevamente en la solución de los problemas del transporte urbano de la Ciudad de México, al igual que fracasaron con sus vías rápidas en Los Ángeles, en Boston y en Paris.
ACABARÁ CON TODO LO QUE TENGA ALGÚN VALOR SOCIAL O AMBIENTAL
A principios de 2007, vecinos de los Culhuacanes CTM, en el Eje 3 Oriente, Santa Ana y La Virgen, en Coyoacán, tratan de impedir la construcción de otro distribuidor vial que elimina 700 árboles y destruye el equilibrio de sus colonias y sus vidas: forma parte del Eje Troncal Metropolitano, nuevo azote urbanístico del DF. Vecinos de algunas colonias del Norte del Distrito Federal , también se oponen a ciertos pasos a desnivel y distribuidores viales que rompen con sus actividades y economías, y que se construyen para dar paso a otra calamitosa solución para el transporte urbano: el Tren Suburbano que urbanizará con casas GEO y ARA lo que queda de tierras de cultivo al Norte del Valle de México y elevará aún más los tiempos y las distancias promedio diarias dedicadas al transporte urbano en este territorio. El gobierno de Marcelo Ebrard parece que también cree firmemente en la solución de los problemas de transporte urbano por medio de distribuidores viales, vías rápidas y trenes suburbanos; por medio del uso del automóvil. Con tantos años de obras, políticas y leyes a favor del uso del automóvil en el Distrito Federal, aprobadas por la mayoría de los ciudadanos educados del Distrito Federal -¿ qué pasa con nuestras universidades? - apenas puede sorprendernos que los fraccionadores de lujo de Huizquilucan, Estado de México, pretendan construir un enorme puente para librar una barranca limítrofe con el DF, la barranca de Hueyatlaco, con el fin de introducir una gran circulación diaria de automóviles por las calles de las lujosas colonias Bosques de Las Lomas y Las Lomas, las que verían seriamente afectadas sus vidas por esta nueva desgracia urbana. !Se habían tardado en hacerlo! Las obras para “solucionar el transporte urbano” del Valle de México acabarán con todo aquello que tenga valor cultural o ambiental. No habrá manzana amable, colonia o pueblo histórico que se salve; no habrá jardín ameno, callejón antiguo, arquitectura relevante, bello camellón, gran monumento, edificio histórico o bosque urbano indemne.
LAS OBRAS DEL TRANSPORTE URBANO ACABARAN CON LA CIUDAD
La creencia en la velocidad como solución del transporte urbano conduce a los gobiernos a la construcción febril, demencial, de pasos a desnivel, distribuidores viales, vías rápidas, pares viales, puentes, libramientos, arcos viales, ejes troncales, metrobuses, trenes de todo tipo y al crecimiento desquiciado en el número de automóviles, camiones y trenes que circulan diariamente en este territorio. Sin embargo, en la medida en que se acumulan con los años estas obras y estas unidades de transporte, debemos recorrer diariamente distancias cada día mayores, nos vemos obligados a dedicar cada año más tiempo diario al transporte urbano, todo queda más lejos, cambia mucho más rápido el uso del suelo, se degrada más la calidad del aire y del agua, la segregación social es más aguda, aumentan los riesgos de muerte o discapacidad por accidentes de tránsito, se empobrecen más los habitantes de la ciudad y se degrada mucho más la política local y nacional. La creencia en la velocidad del transporte urbano: automóviles y colectivos rápidos y en sus infraestructuras, nos conduce a un desastre económico, social y ambiental: nos conduce a la muerte de la ciudad y a la emergencia de la megalópolis infernal que aniquila la calidad de vida, los recursos naturales y su propia existencia.
EL USO DEL AUTOMÓVIL, ENEMIGO DE LA NATURALEZA
El uso del automóvil es no sólo una de las causas principales del Calentamiento Global, es también un gran destructor de la biodiversidad: ante el final de la era del petróleo, se dispara la producción de “biogasolinas” a partir de enormes cultivos de maíz, soya, palma y otros vegetales que eliminan las selvas donde habitan los grandes simios, como el orangután, que está a punto de desaparecer, o que introducen semillas transgénicas, inaceptables para el consumo humano, que destruyen las plantas de origen de estos cultivos. Por su demanda desmedida de vialidades y gasolina barata, los automovilistas no sólo acaban con los fundamentos de la vida en la Tierra, también elevan el precio mundial del maíz, y por consecuencia, quitan alimento a los pobres de la Tierra y quintuplican el precio de las tortillas en México. El Gobierno del DF invierte en vías rápidas, distribuidores viales y puentes y así encarece las tortillas.
LA CONSTRUCCIÓN DE OBRAS MAYORES DE VIALIDAD, NEGACIÓN DE LA DEMOCRACIA
Las obras mayores de vialidad entrañan la destrucción urbana, social y ambiental de muchas zonas urbanas, colonias, barrios o manzanas de la ciudad, las que, de acuerdo con las autoridades partidistas habituales en México, deben sacrificarse por el bien común: ésta es una concepción profundamente antidemocrática del ejercicio gubernamental: lo que no es bueno para una manzana, una colonia o una zona de la ciudad, no es bueno para la ciudad en su conjunto, al igual que lo que no es bueno para un ser humano no es bueno para la sociedad en su conjunto: matar algunos seres humanos para salvar a una comunidad es una aberración; matar unas colonias o zonas de la ciudad, por un “bien común” definido por las autoridades es también una aberración .
La construcción de grandes obras de vialidad implica enormes beneficios privados y la realización de muy turbias operaciones financieras que están muy lejos del bien común, por lo que la ejecución de estas obras involucra un gran ejercicio de represión, autoritarismo y engaño a la opinión pública: es el mejor índice de la naturaleza depredadora de las autoridades modernas, falsamente democráticas que enseñan su cara verdadera en estos casos: enemiga de los vecinos, de los ciudadanos. La lucha de los vecinos del Eje 3 Ote, Santa Ana y La Virgen; de las colonias afectadas por la construcción del Tren Suburbano; y de las colonias amenazadas por el puente de Hueyatlaco merece el apoyo sin restricciones de todos los ciudadanos del DF . Todos estos casos tienen el mismo origen: el apoyo al uso del automóvil y la corrupción gubernamental del más alto nivel . No a las obras del Eje Troncal Metropolitano, No al Tren Suburbano, No al puente en Hueyatlaco.
TÉCNICAS Y POLÍTICAS PARA REDUCIR EL USO DEL AUTOMÓVIL Y EL TRANSPORTE
La única posibilidad de cambiar la tendencia suicida del transporte urbano en el Distrito Federal, consiste en adoptar técnicas y políticas que reduzcan severamente los incentivos para usar el automóvil y el transporte urbano en este territorio. Existen muchas técnicas internacionales para reducir el número de automóviles en circulación que requieren muy baja inversión; existen, también, muchas técnicas internacionales para reducir el uso del transporte urbano; para “crear cercanías”. En 2003 realizamos el seminario Hacia Otra Visión de la Movilidad Urbana, para presentarlas. Evidentemente las autoridades mexicanas, especialmente las del Distrito Federal, no conocen todavía las técnicas de la Movilidad Urbana Sustentable, lo cual es muy trágico para nuestra vida, para la ciudad y para los dones de la Naturaleza.
Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
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